mis impresiones y vivencias durante mi estancia de dos años en la India: las artes escénicas, mi proceso de entrenamiento en kathakali, el paisaje de Kerala, los maravillosos elefantes, la vida en la India...
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Domingo, 05 de marzo de 2006
El “escenario” es un patio de tierra. Al fondo, una casita de palma, al centro de la cual hay una lámpara de aceite encendida: es el “templo”, improvisado en pleno campo abierto.
Como en el kathakali, en el teyyam (ritual que se realiza en los templos de Kerala) hacen primero su aparición los percusionistas, que tocan sus tambores durante casi una hora como ofrenda a los Dioses.
A continuación, llega al patio un hombre de rostro anaranjado, descalzo y cargado con brazaletes, tobilleras de metal, una pesada pechera. y un tocado en la cabeza, en forma de pirámide. Con los pies desnudos golpea el piso de tierra y baila.
Casi una hora después, hace su entrada un segundo hombre, también de rostro anaranjado y con un tocado de mayor tamaño. Este ¿personaje? baila también, y patea con los pies desnudos algunas ramas a las que se les ha prendido fuego.

Al rato entra un tercer hombre con un tocado de dimensiones descomunales, que parece una portada de las que construyen los artesanos en Ixtacalco, o el remate de una trajinera de Xochimilco.
Camina con movimientos lentísimos y el peso de un elefante. Lleva en las manos un par de palos de fuego, con los que baila en círculos por el espacio.

Parece que el ritual se acerca a su fin (tres horas después de haber dado inicio), cuando llega al patio un cuarto hombre. Unas ligeras tiras de palma verde y fresca cubren su cuerpo. Su rostro moreno al natural, está enmarcado por un trapo que oculta su cabello. Dos hombres le colocan una máscara de orejas grandes y aspecto grotesco, parecida a la cabeza de una mosca.
Los hombres traen cargando una enorme estructura de palma; encienden las puntas de esta larguísima enramada, se la colocan al enmascarado en la cabeza y le encienden fuego en torno a la cintura! ¿Es un Dios? ¿Es un demonio?

El Ser de fuego camina por el patio
comienza a bailar
Los tambores aceleran
El Ser baila enérgicamente
salta
da giros
De pronto se convierte en un rehilete de fuego que avienta chispas por doquier!
El Ser deja caer gajos de fuego.
Baila y deja tras de sí los rastros de lumbre.
A los tambores se une una trompeta india que avienta notas sueltas y estridentes.
El Ser se desboca en su danza giratoria.
Avienta bolas de fuego
y siembra de llamas la noche y la tierra.
La energía se torna incontrolable:
el Ser baila con los pies desnudos
sobre las brasas,
sobre las flamas que él mismo va dejando a su paso.
El ¿actor? ¿medium? ¿chamán? que está debajo de esta estructura de fuego se ha ausentado y ahora habita el espacio este Ente que baila dando saltos sobre las llamas que se elevan.
Quienes somos no podemos parpadear, mortificados por los pies calcinados del “hombre” que yace debajo...
pero debajo ya no hay hombre alguno...
ya no hay un cuerpo humano que se resista a la energía que se ha destado.
La danza continúa incansable sobre las brasas, bajo la luz de la luna de las 4 de la madrugada y los que observamos tenemos que cuidarnos para no recibir de rebote un cacho de fuego que se le escape del cuerpo a este Ser.

Mucho, mucho más tarde, las flamas se apagan y el Ser regresa -como el fuego- al reposo, y camina tranquilo, sereno, sobre las brasas rojas que humean.
Todo ha terminado:
El hombre que estuvo entre las llamas sale debajo de la máscara, se dirige al templo, hace una reverencia y se va.
El silencio es absoluto: aquí no hay cabida para aplausos ni manifestaciones efusivas de ningún tipo.
Al que creímos “teatro ritual” se le evaporó hace rato el componente de “teatro” y le quedó sólo el “ritual”.
Aquí no hay actores, no hay “ficción”:
hay una presencia absoluta de fuerzas de otra Naturaleza.
Se ha destilado la pura ritualidad.
Al filo del amanecer
sólo quedan encendidas
la lámpara del templo
y la luna llena.
En el cementerio de fuego
los cadáveres de carbón
todavía despiden el humo
que se eleva hasta el cielo.
Por: Lucia | Religiones, Ritualidad y fiesta popular | Comentarios (0) | Referencias (0)