mis impresiones y vivencias durante mi estancia de dos años en la India: las artes escénicas, mi proceso de entrenamiento en kathakali, el paisaje de Kerala, los maravillosos elefantes, la vida en la India...
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Martes, 21 de febrero de 2006
La fiesta durante el día
La llegada al templo se siente como la entrada a Chapultepec en fin de semana: con el camino atestado de puestos de dulces, juguetes, imágenes religiosas, pósters de elefantes...
Los que bailan ya llevan sobre los hombros los enormes festones de colores que dan vueltas como rehiletes:

Bajando hacia el templo, la imagen más extraña: en los pequeñisimos patios de las casas vecinas, los elefantes descansan:
...uno se está cenando el árbol de una casa
...otro, en un zaguán, avienta coletazos que alcanzan a una camioneta último modelo
...otro más, se echa como botana las plantas de una jardinera, frente a la vista complacida de la dueña de casa, que toma el fresco junto a él, en una mecedora
...otro, más allá, avienta trompetazos de tierra al aire para bajarse el calor, y salpica de polvo a todos los risueños vecinos.
Ya están listas las trompetas...

Y ahora sí, a las cinco de la tarde, comienza lo esperado por la multitud: los fuegos artificiales.
“¿Por qué serán tan temprano?”, pienso, “no se van a ver los cuetes... todavía es de día...” Y entonces me doy cuenta de que en la India no se trata -como en México- de ver los cuetes, sino de oirlos: en efecto, no hay luces de colores, sino una humareda espantosa, ¡pero el sonido que despiden estos cuetes, hace retumbar el Unvierso!

Vuelan al aire unas pesadísimas pelotas de pólvora que literalmente son granadas de mano y explotan con tal fuerza que uno siente retumbar el corazón y la piel y hasta los huesos, y si uno se descuida y deja las orejas descubiertas, es seguro que se reviente un tímpano! Cuando terminan los cuetes, esto parece un campo de batalla. Yo creo que se trata de evocar el estruendo del relámpago, o de despertar a los Dioses!
La proporción entre hombres y mujeres es como de 500 a una, o tal vez de mil a una, no puedo calcular. La marabunta de hombres avanza hacia el templo sin detenerse, mientras las contadísimas mujeres permancen en la orilla del camino acompañadas por sus esposos y familias, y una tiene que hacerse a un lado para no ser arastrada por el caudal de hombres.
En eso, en contracorriente, vienen haciendo su entrada los elefantes: entre el gentío, sin espacio para caminar, pasan piel contra piel junto a los humanos, y uno nada más pide a los Dioses que los elefantes no se pongan bravos entre la multitud, porque no faltan aquí las historias de un elefante que se enjenta en el Puram y avienta cabezazos o patadas y resultan dos que tres humanos muertos...
La fiesta, al ponerse el sol
A las seis de la tarde, cuando el sol se pone, el enorme campo seco es terreno para el festival:
En un extremo, una niña camina en la cuerda floja...

Cerca del templo, diez hombres cargan una portada dedicada a Siva:

Comienza el Puram y los mahouts realizan el ritual de elevar al cielo las plumas de pavorreal:

...mientras tanto, otros mahouts se protegen del sol debajo de sus amigos paquidermos:

Y alineados frente al templo, los veintiséis elefantes.

La fiesta nocturna
El portal del templo, ya está iluminado.

A las 10 de la noche, el concierto masivo y gratuito de música pop: los jóvenes indios se destrampan como nunca lo hacen, bailan extasiados, igualito a un concierto de rock en occidente, con una única diferencia: el público lo conforman exclusivamente hombres. No hay una sola mujer. Para ellas, estar aquí es peligroso. Ninguna se atrevería a venir a esta locura de evento.
Ésta es la etapa “decadente” del Puram”: todo el día ha sido de fiesta, y a esta hora, todos están borrachos; en el camino hay pleitos, accidentes, hombres que caen de golpe al suelo...
Caroline y yo nos aventuramos por la orilla de este océano masculino, sorteando los “hello”, "what is your name?”, “where are you from?” y a los impertinentes tipos que de plano se te avientan encima. Vamos tomadas la mano, esquivando la multitud machil para llegar hasta el pequeno jardin donde esta noche descansan los elefantes.
En el jardin, los mahouts [cuidadores de elefantes] duermen sobre la tierra pelona y los elefantes cenan en plena oscuridad. La energía es completamente distinta a ese desbocado desenfreno masculino que se sentía apenas a unos cuantos metros de distancia.
Es curioso: ahí, entre los elefantes, en el silencio del jardín, en la oscuridad, una se siente segura. Es la ultima vez que veremos a los elefantes. Mañana por la mañana serán trasladados en camiones a otro pueblo, a otro Puram -y a decir verdad- a otro día de trabajo en otro festival organizado por los humanos.
Por: Lucia | Religiones, Ritualidad y fiesta popular | Comentarios (1) | Referencias (0)
Hace apenas unos días al salir de casa, encontraste un elefante en la esquina. La vida es una sorpresa. Seguro era un augurio de lo que se venía.Lo que ahora cuentas me ha dejado volando. Para un occidental latino vivir experiencias como esas debe ser como estar soñando, como volver a un pasado que sólo conocíamos en los libros y películas. Aquí en Cuautitlán estamos a un tiro de piedra de Tultepec, la capital latina del los fuegos artificiales (cada año celebramos una fiesta de la pirotecnia en la que están presentes cueteros de todo el mundo, sobre todo de Asia): los pretextos nunca faltan para quemarlos....seguido nos despertamos o vamos a "dormir" con un estruendo de alarmas de coches que son activadas por la vibración de los cuetes....ya me imagino lo que sucedería si el objetivo fuera solo escucharlos...
Los pobres elefantes que vemos por acá en los circos están neuróticos, acabados, son como autistas...sería maravilloso encontrarte un elefante echado en medio de la avenida Insurgentes o en Reforma y que los mexicanos lo tomáramos como una manifestación mas de nuestro surrealismo en vez de ponernos histéricos.... Que maravilla lo que estas viviendo y que agradable sensación me queda después de leerte...si alguna vez dudaste de tu estancia en India y te preguntaste ¿Qué hago aquí?, me parece que no tienes porque dudar lo mas mínimo, pues los porqués son mas que evidentes...
Sugiero que nos cuentes más acerca de la comida, lo que tu comes, publicar algunas recetas, en fin, me da curiosidad...¿Puedes encontrar una cerveza mexicana?....
un beso.
GIANCARLO
GIANCARLO | 27-02-2006 19:49:37