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De vuelta en la India

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mis impresiones y vivencias durante mi estancia de dos años en la India: las artes escénicas, mi proceso de entrenamiento en kathakali, el paisaje de Kerala, los maravillosos elefantes, la vida en la India...

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Miércoles, 07 de diciembre de 2005

Formación Oriental y Formación Occidental

Eugenia (actriz española, estudiante de Mohiniyattam) y yo, hemos ido a tomar una cerveza a un hotel de turistas (el único lugar en este pequeño pueblo donde es posible para una mujer -extranjera, claro- sentarse a tomar una cerveza). Hablamos de la dinámica de las clases de kathakali y mohiniyattam, tan diferente a cualquier clase para actores que hayamos tenido en nuestros propios países:

Es evidente que en Occidente, el tiempo nos come a cada paso y vivimos regidos por el principio de la “eficiencia”: aprender lo más que se pueda en el menor tiempo posible, y por supuesto, nuestro objetivo como actores, en nuestros países, es siempre aprovechar el tiempo al máximo. Una clase para actores en Occidente, dure tal vez dos horas, requiriendo el cien por ciento de la discposición del actor, de su concentración y energía, sin posibilidad de descanso ni distracción alguna. Mencionamos, como referencia, cualquier clase de ballet clásico.

Aquí, en la escuela donde se forman los actores y bailarines de Kerala, la clase con nuestro ashan dura cuatro horas seguidas, pero el tiempo se usa y se percibe de manera muy diferente:

...diez minutos de mudras... viene otro maestro a platicar...

...diez minutos de foot work... al Maestro le hablan por teléfono y debe contestar su mobile...

...quince minutos de chudippe... viene una escuela de visita a ver las clases, y hay que saludar a los alumnos...

...diez minutos de body movements y ahora debemos interrumpir para ir a escuchar el speech de un funcionario...

De principio, esto parece caótico, burocrático, desconcentrado, disperso... en efecto, cualquier maestra de ballet clásico occidental se alarmaría con esta dinámica de clases donde no parece haber ni continuidad, ni rigor, ni concentración...

Sin embargo, con el paso de los días, uno va comprendiendo que esta forma de hacer es parte de la relajación que caracteriza a los actores indios en formación, en contraste con la siempre acelerada tensión y exigencia que se percibe en la energía y presencia de cualquier actor occidental, siempre “confrontado”, siempre en desafío consigo mismo, siempre intentando dar el 101 por ciento...

A los indios, el tiempo no se les cuela entre las manos como a nosotros... la vida pasa muy despacio y el tiempo corre de otra manera, a un ritmo mucho menos frenético que en Occidente, y los actores indios no emanan esa “hambre de ser” que uno  percibe en el actor occidental... los actores indios en formación “son” ya quienes son: quienes su karma les ha llevado a ser. Toma tiempo percibir esto: el tiempo distendido de la vida india.

Por: Lucia | En la escuela | Comentarios (0) | Referencias (0)

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