mis impresiones y vivencias durante mi estancia de dos años en la India: las artes escénicas, mi proceso de entrenamiento en kathakali, el paisaje de Kerala, los maravillosos elefantes, la vida en la India...
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Sábado, 03 de diciembre de 2005
A las 11 de la mañana, y después de un procedimiento burocrático y de largas discusiones en malayaalam que tienen lugar en la oficina, un hombre indio me indica que lo siga.
Subimos el monte que conduce a los kalaris [gimnasios o salones] y entro a uno de ellos, donde está sentado, detrás de su banquito y con un buen palo en la mano, el Maestro: Tendrá poco más de cuarenta años. Viste una blanca dothi [tela que los hombres indios usan amarrada a la cintura a manera de falda], lleva el torso desnudo y tres malas [collares] colgados al cuello.
Frente a él, de pie y vestidos con pajaama [pantalón] azul y una tela roja corta amarrada a la cintura, cuatro niños, jóvenes estudiantes, de entre 10 y 14 años. Ellos serán mis compañeritos de clase.
Entro tímidamente al kalari. Después de otros tantos papeles que mi nuevo maestro debe firmar para incorporarme oficialmente a su clase, el Maestro se sienta de nuevo en su silla, y en inglés, con el característico acento indio, dice, muy serio: “Salutation”.
Por: Lucia | En la escuela | Comentarios (0) | Referencias (0)